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domingo, 16 de agosto de 2009

Con la iglesia hemos topao

Algunos me podrán acusar de hereje, de tomarme a cachondeo cosas muy importantes para gran parte de la sociedad, pero es que… endevé como se las gastan ustedes, señores curas!!. Como hijo de buen vecino nacido en la España de finales de los 70, mis padres me bautizaron y me hacían ir al catecismo y todas esas cosas. Ya a aquella temprana edad, había cosas que no conseguía comprender. Nunca comprendí por qué no nos dejaban comer esa especie de torta de color blanco que denominan “ostia” y en cambio nos alentaban a recibir con alegría las “ostias” que repartía el cura en las caras ajenas. Porque digo yo, ¿ambas debían ser “ostias consagradas” no?.

Por esto y otros detalles, mi etapa de católico duró lo mismo que aquella etapa en que era perseguido y acosado por mujeres deseosas de recibir mi simiente con el objetivo de perpetuar la raza humana. Es decir, nunca llegó a existir vamos…

Lo bueno de no procesar esa fe (entre otras cosas), es que te permite observar las cosas desde un punto de vista exento de pasiones, más objetivo, y te das cuenta (entre otras cosas también…) de algunos problemas y/o conflictos morales a los que se enfrentan esos personajes que protagonizan los relatos católicos.

Por ejemplo, pensemos por un momento en la virgen. ¿Os imagináis lo que debe acojonar quedarte preñada sin haber echado un mísero polvete?. Si vale, le avisaron… ¿pero quién le avisó?; un ángel envuelto en llamas, que se le apareció de la nada y le informó que iba a engendrar al hijo de Dios, ¿y la señora va y se lo cree no?, seguramente lo que pensó es en dejar el vino durante una temporadita…

Mención aparte merece en todo esto San José. El cachondeito que tuvo que aguantar el tipo, porque imagínate que tú, tan blanquito como eres, tienes un hijo mulato. ¡Anda que tus compañeros de trabajo no se iban a jartar de reír a tu costa!, pues no te digo ná si tu mujer tiene un hijo pero asegura que es virgen y defiende su inocencia alegando causas divinas…

Pero no terminan ahí los problemas para la virgen, no. Ahora mismo, debe tener un conflicto de personalidad que ni el mejor equipo de psicólogos podrá meterle mano (con perdón). Y es que parece ser que eso de crear vírgenes de donde no las hay vicia, porque anda que no hay variedad. Que si la virgen de los desamparados, la de los fontaneros, las de barrio, las de los pueblos, las hay blancas, negras, amarillas, etc. etc Eso, a todas luces, es un caso de personalidad múltiple. Jekill y Hyde, una mierda comparado a esta señora.

Y claro, no puedo evitar hacerme preguntas. Se va a producir un accidente, por un lado está el camionero, quien procesa el debido fervor hacia la virgen correspondiente a su gremio, por otro lado un taxista que lleva el taxi repleto de estampitas de la virgen de los taxistas… ponte en el lugar de la virgen; ¿a quién coño salvas de la muerte y/o sufrimiento?. ¿Y en la negociación de un convenio colectivo?, ¿sobre quién centras tu divino poder, sobre el patrón o sobre el sindicato?. A todo esto, por si no fuera suficiente trabajo atender a tantas peticiones de ayuda y afrontar los dilemas descritos, acuérdate de aparecerte cada cierto tiempo en lugares varios de la Tierra para advertir a la raza humana que se aproxima el Apocalipsis, que debemos convertirnos al catolicismo para salvarnos, dar muchos € a la iglesia, etc. etc., ¡y no falles a la cita que la gente pierde la fe y se mosquea!. Espero que su jefe la tenga dada de alta en la seguridad social, porque no creo que tarde en tener que coger la baja por estrés. Y bueno, si está en el régimen de los autónomos, lo tiene claro…

No se acaban ahí las causas de su más que probable trastorno de personalidad no, porque joder, a ver si nos aclaramos ya: Si engendró al HIJO de Dios, ¿por qué luego se empeñan en denominarla la MADRE de Dios?. ¿Esto que es, el Cielo o Falcon Crest y Dinastía juntos?.

Hablando de su hijo, anda que tampoco debe estar mosqueado allá donde se encuentre… Con la alto, fuerte y guapo que dicen que era, la imagen que tenemos de él en la memoria es la de un tío desaliñado, hecho un asco, clavado en una cruz de madera. Tampoco creo que le importe mucho lo de la imagen, cierto es, pero joder, ¿no había otro modo más amable de mostrarlo al mundo?.

Y mira que las matemáticas nunca fueron mi fuerte ni mi pasión, pero no creo que me equivoque en tan sencilla suma. Vamos a ver, pongamos que yo me muero un viernes y tengo que resucitar tres días después. Estamos en viernes, hemos quedao, un día después = sábado, dos días = domingo, y el tercer día, por consiguiente, es el lunes. La pregunta es: ¿cómo cojones se explica el “Domingo de Resurrección?.

Pero, como dice el refrán, “no todo el monte es orgasmo”, y hay una figura que si que cuenta con todo mi apoyo. Estoy hablando de Santa Catalina. Según tengo entendido, esta señora fue hecha santa porque parió por un dedo, y no por el dedo gordo no, ni siquiera por el dedo medio, ¡¡parió por el dedo meñique!!. Ante tal gesta, sepa usted, Santa Catalina, que cuenta con mi total admiración.

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domingo, 24 de mayo de 2009

La importancia de las comas

A riesgo de parecer una especie de fundamentalista de la escritura académica, quiero hacer hincapié y resaltar la importancia que tienen las comas para una buena comunicación tanto en lenguaje escrito como oral.

Porque aunque parezca que son una simple raya insignificante, una coma o la ausencia de la misma puede alterar de modo dramático el significado de una frase. Consecuentemente, alterará de modo no menos dramático lo que el receptor de la frase vaya a comprender y/o extraer. Las consecuencias a menudo resultan imprevisibles. Para ilustrar todo esto, veamos un simple ejemplo que nos reportará luz y sabiduría. A saber:

Imaginemos una conversación entre dos personas a las cuales llamaremos Romualda y Sigismunda. En la charla, Romualda dice una afirmación cualquiera con la cual Sigismunda se siente ofendida. Es entonces cuando Sigismunda espeta a Romualda lo siguiente:

- ¡Eso es una mentira puta, guarra, cochina!

Como Sigismunda ha hecho un correcto uso de las comas, se entiende que a quien van dirigidos tan cariñosos apelativos es a la mentira en sí. Como la mentira no tiene la capacidad de defenderse, Sigismunda puede estar tranquila que no recibirá agresiones físicas ni verbales en contestación a su enérgica respuesta. Por otro lado, Romualda no puede sentirse insultada ya que su persona no se ha visto afectada por la retaíla de alabanzas.

Pero vamos a introducir una simple coma en la frase. A ver qué pasa:

- ¡Eso es una mentira, puta, guarra, cochina!

La simple introducción de la coma entre "mentira" y "puta" provoca un cambio radical. Romualda ahora sí tiene motivos para sentirse malamente. Si responde de la manera estándar, a buen seguro el resultado de la conversación será un intercambio de golpes malintencionados por ambas partes que terminará con contusiones varias en el mejor de los casos.

Una vez vistas las nefastas consecuencias que puede traer a nuestras vidas la incorrecta utilización de las comas o su ausencia, abogo y animo a que les demos la importancia que se merecen.


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domingo, 26 de abril de 2009

La palmerita de hojaldre

Otra historia real que tuvo lugar hace bastantes años. Pero como resulta que aún tengo el archivo en el PC, pues actualizo el blog con la ley del mínimo esfuerzo :-D

Fui a que me cambiaran el aceite (mejor dicho, el aceite del coche. De momento yo no lo pierdo, aunque nunca se sabe...), escogí como sitio para efectuar tal menester el centro comercial. Así que dejé el automóvil en el Feu Vert y dirigí mis pies y el resto de mi cuerpo al Carrefour, para amenizar la tediosa espera.

Tras mariposear por las distintas secciones del mencionado hipermercado, por supuesto sin comprar nada, me propuse tomar un café y, actuando en consecuencia, fui a parar a la barra de uno de los bares del centro comercial (de todos es sabido que la cabra siempre tira al monte...).
Me senté en un taburete colocado justo enfrente de la caja registradora, y por allí pululaban muy atareadas dos jóvenes camareras. No era la primera vez que visitaba el bar, y en las anteriores ocasiones me había fijado en una de las susodichas, era guapa si, pero tras lo observado en las anteriores visitas había llegado a la conclusión que su belleza era inversamente proporcional a su simpatía. Es un detalle que tampoco importa en exceso según sean las intenciones, pero (y sin que sirva de precedente) en mi ya no suscitaba interés.

A lo que iba. Estando yo allí sentado, disfrutando de ese maravilloso invento denominado "aire acondicionado", vi que la camarera del caso me miraba levantando una ceja, esperando mi respuesta (tampoco habla mucho la chica...), yo le pedí mi cortadito. La señorita me lo sirvió y yo procedí a su degustación. Hasta aquí todo transcurrió con normalidad.
Pero... oh sorpresa!!! En un extraño movimiento se acerca hasta mi estática posición la camarera "guapa-seca", y con un movimiento más extraño aún, dando la espalda al cliente (en este caso yo) deposita ante mi un plato pequeño, desapareciendo rápidamente la joven. Recuperado del susto inicial debido a tan anormal comportamiento, centro la vista en el plato que tengo justo delante del cortadito, y... ¡que ven mis ojos!, compruebo con una mezcla de sorpresa, excitación e incomprensión que el platito dichoso contiene una palmera (hojaldre en forma de corazón), la cual yo no había solicitado.

En ese momento una marea de acelerados pensamientos inundan mi mente y saturan mi neurona, pensamientos del tipo "Coño, que he ligao!!", "Se me ha insinuado", "Ahora le tengo que decir algo...", etc. Pero había que asegurarse, que no tenía ganas de hacer el ridículo, así que aprovechando que se acercó a cobrar a alguien a la caja registradora le pregunté, mientras señalaba con el dedo el platito :

- ¿Y esto?... (si, es lo máximo que llegué a articular...)

La joven, justo en el momento que procedía a responder, se atragantó, y lo que dijo sonaba algo así:

- Es un rrrggghhdddd...

Una vez repuesta de tan incómoda situación, me contestó a la vez que sonreía (parecía algo avergonzada):

- Eso es un regalo.

Yo le contesté que muchas gracias y la chica se largó apresuradamente. Ahora sí que mi cerebrito (no por tamaño, el cual es considerable, el diminutivo es por la capacidad) estaba a punto de explotar. Los pensamientos que ahora se elaboraban eran del tipo : "Joer, mira si se ha puesto nerviosa que se ha atragantado y todo...", "Ahora hay que decirle algo contundente como... yo también quiero regalarte algo, te invito a cenar" "O mejor sin formalidades y le pregunto... ¿en tu casa o en la mía?".

De repente, una imagen hizo pedazos aquella vorágine de pensamientos. Por el rabillo del ojo estaba divisando, encima de la plancha del bar, una montaña de palmeritas exactamente iguales a la que yo estaba comiendo. ¿Por qué tantas?, ¿será que es un regalo de la casa?. Rápida y disimuladamente (bueno, este último detalle no lo aseguro), escruté todas las mesas en busca de pruebas que confirmaran mi sospecha, pero no las encontré...
Necesitaba la confirmación, y la afectada se encontraba recogiendo mesas y realizando labores a una distancia considerable de mi.
Yo había terminado ya el cortadito, la palmerita y el cigarrito, sólo me faltaba pagar. En eso que la chica del caso estaba cerca, recogiendo vasos y utensilios varios de las mesas de detrás de mi, así que aproveché para entablar conversación, y con voz amable le dije:

- ¿Cuánto te debo?. (Si, ante todo originalidad...)

Ella me miró de reojo con cierta cara de indiferencia y se dirigió a la compañera diciendo:

- Mira a ver si le cobras a este chico.

Acto seguido, continuó con sus quehaceres. La cosa parecía estar clara, la palmerita no había sido una insinuación... pero hay que exprimir todas las posibilidades, así que mientras pagaba religiosamente mi consumición, le pregunté a la señorita que me estaba cobrando:

- ¿Entonces esto (señalando el plato) es algo habitual o es que hoy es alguna fiesta y yo no me he enterado?

Después de unos segundos de tenso silencio, que inequívocamente me indicaban que la interlocutora no comprendía de qué diantre le hablaba, alcé la voz y señalando de manera descarada el plato vacío le dije, ya de manera más chabacana:

- Que esto, que es lo que es!!!

Incomprensiblemente para mí, así si que fui comprendido. La respuesta, acompañada de un tono de “joer tío, en que mundo vives, ¿qué no lo sabes?”, fue:

- Claro, eso es todas las tardes. Con los cafés regalamos una palmera de hojaldre.

- Vale, vale... pues mejor así, repetiremos café algún que otro día si hay regalo... – Contesté.

- Pues sí.

Posteriormente, me fui. La camarera se quedó pensando : “menudo atontao, que no sabe que aquí regalamos palmeritas...”, y yo me fui pensando : “Uff, un poco más y les doy a estas dos tontas tema de cháchara y risa para tres meses...”

En definitiva, que el café estaba horrible, me comí la dichosa palmera de hojaldre por compromiso, me fumé tres cigarros seguiditos, cogí un estado de nervios taquicárdico (es que me pilló desprevenido...), y de ligar ná de ná.
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domingo, 1 de marzo de 2009

El inquilino inesperado

Los hechos que a continuación van a ser relatados ocurrieron años atrás, es una historia real que quienes la conocen me han pedido en repetidas ocasiones que la pase a papel. De modo que. sin más preámbulos, allá va:

Era una de esas tardes de sábado en las que uno no tiene ningún plan, pero en cierto modo apetece a salir a tomar una cervecita (o varias). Como tenía pendiente quedar con una conocida que vivía en el pueblo de al lado, quedamos a última hora de la tarde.

A la hora señalada nos vimos, nos tomamos una cerveza, y en eso que le llamó una amiga por teléfono. La amiga parece ser que necesitaba nosecual favor, y me propuso ir en un momento a casa de la amiga a resolver la cuestión. Accedí y nos pusimos en camino.

Era un edificio viejo, de esos que no tienen ascensor ni moderneces similares. En la vivienda estaba la amiga de mi amiga, su madre y un niño de unos 3 años con más mocos que pelo.
El piso, sin llegar a ser el cuchitril de Joe, no podría decirse que estaba limpio y aseado. Más o menos andaba a la par con la cara del niño pequeño vamos.
La madre me invitó a sentarme, me ofreció algo de beber, lo normal vamos. Estaba nerviosa porque según decía llegaba tarde a una cita. Tendría alrededor de 40 años, separada, y viendo el estado de la casa, del niño, y su aspecto, quedaba claro que el ligue le interesaba bastante más que otras cosas.
De modo que allí estaba yo, observando la fauna y flora del lugar, cuando mi vejiga me envió la alarma. El infalible efecto cerveza. Así que pregunté por la ubicación del baño, y allí que me dirigí.

El cuarto de baño era como el piso; pequeño. Ya era de noche, y se veía más bien poco. Le di al interruptor y no se encendió ninguna luz, hecho que dificultaba la tarea que me disponía a realizar. Pregunté que como se encendía la luz y la madre me dijo que tenía que roscar la bombilla que había en el mueble de baño, pues el interruptor como que no iba.
Rosqué la bombilla y se hizo la luz. Brevemente pensé en lo caliente que iba a estar esa bombilla cuando tuviera que derroscarla, pero mi vejiga estaba a punto de explotar y preferí centrarme en el presente inmediato.

Levanté la tapa del retrete al tiempo que me iba bajando la cremallera y desenfundando la manguera(me gustaría explicar como se puede hacer todo eso a la vez sin bajas, pero es una acción que sólo coy capaz de ejecutar con éxito en situaciones límite. Realmente no se como se hace, pero se hace). Después de emitir el suspiro de "ay, que alivio" mientras se mira al cielo, seguí la rutina habitual masculina: bajar la vista para observar la parábola y cerciorarse de que el torrente de orines está yendo a parar donde debe.
Fue entonces cuando conocí al inquilino inesperado, quien me produjo un gran sobresalto. Lo que experimenté al verlo fue una mezcla de incredulidad, admiración, mezclado con imágenes de anuncios de Bifidus Activo, galletas de fibra y Kellog's Special K. En efecto, allí se encontraba de pie y firme como un pino (nunca mejor dicho), dentro del retrete, un zurullo de un tamaño y dureza tales que jamás había visto yo nada comparable.
Por motivos físicos evidentes, el retrete no había sido capaz de absorver aquella cosa, y su legítimo dueño bien no se había enterado de lo que había parido, o bien había llegado a la conclusión que allí estaba bien. Entonces fue cuando pensé... ¿y de qué cuerpo habrá nacido semejante menhir?. Descartando al niño mocoso, nos quedaba una joven más bien flaca y su madre... ver para creer!!

Pero bueno, allí estábamos, el zurullo y yo. Debía hacer que fuera engullido por el retrete, porque si no a ver quien iba a creer que no había sido yo su progenitor... De modo que agarré la escobilla y le di con energía y tesón. No había manera che. Resistía todos mis envites sin inmutarse. Fue entonces cuando pensé que oye, total, a mi que más da lo que puedan pensar. Dejé allí al monstruo, desenrosqué la bombilla como buenamente pude y salí del cuarto de baño.

En cuanto salí, la madre entró a terminar de pintarse y esas cosas. Me iba a ir, pero esperé a que saliera para ver la cara que ponía, si hacía algún comentario, o alguna cosa. Podía estar divertida la situación.
Pero no, se largó apresuradamente y se cuidó muy mucho de no cruzar su mirada conmigo. No se si por vergüenza propia o ajena.
Supongo que tarde o temprano conseguirían desembarazarse del inquilino inesperado. Yo, por si acaso, no volví a aquella casa nunca más.
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domingo, 29 de junio de 2008

Más sobre castellano moderno

He aquí unos minutos de la película La Vida de Brian. Creo que es del año 1979, pero ya se lo veían venir. Que lo disfrutéis.

Saludos.


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jueves, 26 de junio de 2008

Castellano moderno

El idioma castellano, si fuera un ente con personalidad propia, seguramente estaría tirándose de los pelos. O con un conflicto interno de agárrate y no te menees. No soy persona que haya estudiado la historia del lenguaje, pero no es difícil deducir que el idioma castellano ha ido mutando generación tras generación. Ahora hablamos y escribimos diferente a siglos atrás. Pero… ¿cómo vamos a hablar y escribir dentro de 100 años? Tiene pinta de que no va a haber Cristo que se entienda, pero bueno, seguramente dentro de 100 años a mi me va a importar más bien poco todas esas cuestiones.

Por un lado tenemos el idioma SMS. Básicamente se caracteriza por la ausencia de vocales y la compresión de palabras hasta extremos difícilmente sospechables. Quienes hacen uso de esta jerga con mayor énfasis suelen ser personas de corta edad que ya han nacido con un móvil bajo el brazo y un dedo pulgar dotado de pasmosa flexibilidad. La pregunta que nos hacemos el resto de mortales es: ¿se entienden? Yo tengo mis dudas. Una vez me llegó un SMS escrito en dicha jerga y semejante esfuerzo para descifrar el contenido casi me produce un colapso neuronal (definición de colapso neuronal mío: Una neurona choca con la otra).

El idioma del ciberespacio, o mejor dicho de los chat, se asemeja mucho al SMS. Hay más contenido de vocales, pero las tildes son ninguneadas por completo, y las faltas de ortografía de todo tipo campan a sus anchas. Asimismo se tiende a alargar inexplicablemente y sin justificación aparente la última letra de las palabras. Por ejemplo, en vez de saludar con el hola de toda la vida, la cosa (si queremos adaptarnos a las vicisitudes del medio) es escribir holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Si la cantidad de “a” puede ocupar media pantalla, mejor que mejor.

Mención aparte y especial merece el uso intensivo rozando la obsesión de la expresión xd. ¿Qué quiere decir? Mucho me temo que nadie lo sabe, pero si queremos estar a la altura de las circunstancias nos cuidaremos de incluir el xd al final de frase en no menos del 50% de veces que tengamos algo que decir en la sala de chat. Hay que estar atentos, porque de vez en cuando se produce algo así como una estampida en la que tokiski teclea el xd compulsivamente. Huelga decir que debemos sumarnos con celeridad a la escalada de xd.

También desde hace un tiempo debemos cuidar, para expresarnos modernamente, de no discriminar a ningún ser humano (ni ser humana) y acabar así de una vez con la lacra del machismo (¿y la machisma?) en nuestro (y nuestra) lenguaje. Por eso que todos (y todas) debemos aportar nuestro (y nuestra) granito de arena. En nuestras (y nuestros) manos está que las (y los) nuevas generaciones crezcan sin prejuicios (ni prejuicias) referentes a las distinciones por cuestión de sexo. Van a tener muy jodido (y jodida) saber que coño (y coña) están diciendo, porque uno (y una) acaba al final sin saber cuando se aplica la coletilla y cuando no, como ya le pasó a la ministra con lo del miembro (y la miembra), y por supuesto se pierde el hilo y uno (o una) ya ni sabe por dónde iba. Pero aunque no sepan de qué diantres hablan, no estarán realizando discriminación alguna (o alguno), y todos (y todas) los habitantes de este bello (y bella) planeta llamado Tierra (o Tierro), todo el mundo (y toda la munda) rebosarán alegría y amabilidad.

Un saludo a cualquier ente, masculino, femenino, asexual, o de la índole que sea.

Toni.

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